El cepillo de dientes es la herramienta número uno en toda rutina de higiene bucal. Hoy en día el mercado nos ofrece una variedad enorme de opciones, y es muy fácil marearse entre tantas alternativas. ¿Es mejor un cepillo grande o pequeño? ¿Conviene que sea rígido o flexible? Aquí te contamos qué tener en cuenta a la hora de decidirte por uno.

El tamaño importa

Elige un cepillo que se ajuste al tamaño de tu boca. Si utilizas uno demasiado grande no podrás llegar al fondo de tu boca; de modo que procura optar por uno que pueda desplazarse con facilidad y cepillar las caras internas y externas de tus dientes. Ante la duda, prefiere uno de cabezal más pequeño.

¿Cerdas suaves o duras?

En líneas generales, un cepillo de cerdas medianas (ni muy suaves, ni muy duras), es lo más conveniente. Sin embargo, si tus encías son sensibles, es mejor elegir uno más suave, para minimizar el riesgo de sangrado. Lo importante es que, al utilizarlo, no te genere molestias ni dolor.

Presta atención al mango

El mango de tu cepillo no es un tema mejor. Prefiere aquellos con mango antideslizante, que sean fáciles de sostener y no patinen si tienes las manos mojadas. Así evitarás correr el riesgo de lastimarte si el cepillo se zafa. Del mismo modo, los de mango ligeramente flexible te permitirán alcanzar con más facilidad los rincones posteriores de la boca. En otras palabras, cuanto más ergonómicos, mejor.

Detalles extra

Muchos cepillos de diente poseen cabezales de goma con textura, muy útiles y confortables para limpiar tu lengua y los costados de la boca. Si estos no te resultan confortables, puedes usar las cerdas de tu cepillo favorito, que pueden cumplir perfectamente con esta función.

Reemplázalo periódicamente

Seguramente tu odontólogo te recomendó que cambies tu cepillo de dientes cada tres meses, sin falta, e insistió con que es importante que lo hagas aunque no esté desgastado o tenga poco uso. La razón detrás de esto es que a lo largo del tiempo se acumulan bacterias sobre las cerdas de tu cepillo, que pueden terminar causándole problemas a tu boca. Tres meses es un período prudencial para asegurarte de que tu cepillo sea tu aliado y no tu enemigo. Y si las cerdas se desgastan antes de ese plazo, también debes reemplazarlo.

Cuidados básicos

Una vez que hayas elegido el mejor cepillo para tí, es esencial que lo cuides correctamente. No olvides higienizarlo después de cada uso con un simple enjuague con agua del grifo, suficiente para eliminar restos de comida y minimizar las bacterias que se acumulan en las cerdas. Colócalo en un vaso, un portacepillos o cualquier recipiente sin tapa, para que se airee naturalmente, con las cerdas hacia arriba y en posición vertical. No lo guardes en recipientes herméticos, ya que esto favorece la proliferación de humedad y, por lo tanto, bacterias. Ah, y lo más importante, ¡utilízalo dos veces al día!